Sentada en el Paseo, frente a la fuente de Puerta Purchena y la estatua de Nicolás Salmerón, me tomé un descafeinado con leche y un pionono acompañada de una pareja amiga, el camarero que nos sirvió me dijo, hoy sí que estás bien acompañada. Es que el camarero siempre me veía sola. Cuando me sirvió el café la espuma hacía la forma de un corazón y eso me elevó el ánimo, me quieres, le pregunté, y él alejándose se giró y me dijo que sí sonriéndome. Era precioso.
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